Cuentos

El hombre hormiga por Alberto Buendía

―A ver, Alberto ―se dirigió a mí el profesor de creación literaria―. Para concluir la clase de hoy ha llegado el turno de criticar tu cuento.

Todos los chicos del taller se miraron unos a otros con una sonrisa cómplice. La clase se departía en una antigua casona del centro de Lima, en lo que antes fuera un desván. Sentados en una larga mesa de madera ennegrecida, el profesor se hallaba en el centro y nosotros, sus alumnos, en torno a él, como La última cena de Da Vinci.


Seres que viven en el espejo retrovisor por Alberto Buendía

Cuando te has gastado tus últimos cincuenta soles en un prostíbulo, cuando ya no quieren fiarte cerveza en la cantina, cuando la tía del menú te hace escándalo en la calle, cuando el tipo de la tienda murmura conchetumadre, cuando la casera te cambia la chapa de la puerta, cuando tu hermano te pregunta por su televisor, cuando la vieja te exige su pensión, cuando tu exesposa te denuncia por alimentos, cuando dos colombianos te buscan en moto… es hora de encadenarse al volante y manejar. Voy por el sexto o séptimo día, dieciocho horas ininterrumpidas, media docena de energizantes y en los límites de la conciencia.


La musa del cuadro por Jairo Lucio Sánchez

Terminé a dar por la plaza Francia, luego de haber cruzado una parte de la avenida Camaná. Por estas calles angostas coloreadas de un pálido gris, me envolvía el olor del humo que se desprendía de los autos que pasaban a centímetros. A unos pasos se levantaba una galería y su fachada polvorienta (como todo a la vista), donde entré sin nada en particular en mis pensamientos: solo quería distraerme, perderme, con cualquier cosa que se me presentara. Dentro de la galería había algunos puestos, y en esos puestos, al parecer, se vendían diferentes antigüedades. Al avanzar un poco más por la galería, me detuve para observar un puesto de libros donde un viejo, el dueño, sentado en un sillón, también viejo, hablaba con unos muchachos.


Entrevista con el caníbal por Alberto Buendía

Hace solo cinco horas he llegado de Japón luego de entrevistar a Haruki Murakami por la publicación de su última novela After Dark. Como todos mis compañeros de la revista saben, Murakami es un escritor huraño, que apenas si se deja preguntar un par de cosas. Lo que he logrado es para ellos un acontecimiento que debe celebrarse con una cena bohemia que, para la sorpresa de la directora, insistí en prepararla yo mismo.

—Esta cena es exquisita —me dice Noelia, directora de la revista.

—Solo es ensalada Waldorf, patatas y carne —respondo yo tratando de ser humilde.