Lima, otro amor que perdió su destino entre tus calles,
oscura, flácida y vulnerable.
Tus años no pasaron en vano:
conservas tus árboles sin piel,
absorbidos por las risas de los autos.
Cuando miramos el cielo,
parece opacado por vidrios
transparentes.
Pasos que no se detienen, así como
las pasiones nunca se duermen.
Tu vida sigue siendo la misma:
dolor latente.
Fuego de la palabra,
aire de la imaginación,
en mi tierra solo hay voces
de melancolía, del deseo apagado
humos de hierba y cantos
abandonados.
Lima, apareces otra vez
como un fantasma líquido
que invade mi sueño.
Herida del alma,
¿adónde fue,
si sus ojos eran mi única
esperanza?
Me recuerda a la ciudad
aquel cuerpo fragmentado:
pensamientos, errores, huellas.
Es la Lima taciturna,
intentando olvidar
mi nombre junto al suyo = efecto etéreo.
De pronto, nosotros,
hundidos en la misma materia,
alcanzo el polvo en tu mirada,
hombre Libra,
arenosos placeres que escondías cuando
descubriste
que ya no eras mi amado.
¿De qué sirve la ciudad
si tu ausencia
es la fuente de mi huida?
De Luciana Dalezka Bañon Torres
Ganadora del Concurso de Poesía Tinta Naciente (2026)
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