Una aproximación a la escritura creativa con inteligencia artificial.

No podemos negar que la inteligencia artificial (IA) ha dejado de ser un tema exclusivo de programadores para introducirse a los territorios de la literatura. Resulta fascinante, e inquietante a la vez, ver softwares como ChatGPT o Sudowrite redactando textos creativos gramaticalmente impecables, con estilos indefinidos aún, irregulares la mayoría de las veces, no hay que negarlo; pero con tramas, imágenes, personajes y ritmos que imitan los borradores de un escritor en ciernes. No podemos negar que la literatura, esa actividad cognitiva, ese arte ligado a la subjetividad y la experiencia, está ante un nuevo paradigma[1]: el lenguaje artificial.

Para exponer este hito en la historia de la literatura contemporánea, me remito a casos concretos que evidencian cómo la relación entre humanos y máquinas ha dado resultados que desafían las ideas tradicionales de autoría y creación. En el año 2016, el científico Hitoshi Matsubara y su equipo de programadores presentaron el proyecto The day a computer wrote a novel, un experimento literario sobre la creación de una novela corta generada con IA imitando el lenguaje artístico. Matsubara, bajo el pseudónimo de Yurei Raita, presentó la novela a un concurso literario, y el jurado, sin enterarse de la naturaleza de su autor, lo colocó en la ronda de obras calificadas para el premio. Otro hecho más reciente es el caso de la escritora Rie Kudan, ganadora del prestigioso concurso Akutagawa Ryūnosuke Shō, del año 2024, con su novela Tokyo Sympathy Tower. En esta obra, la escritora también utilizó la inteligencia artificial (ChatGPT) para crear los diálogos de un personaje no humano.

En efecto, que un texto elaborado en colaboración con IA recibiera uno de los galardones más importantes del canon literario japonés como es en el caso de Kudan, provocaría un amplio debate sobre un nuevo tipo de autoría: el autor expandido[2]. No obstante, antes hay algunas cuestiones que deben dilucidarse antes de pasar a crear nuevos términos para indicar los nuevos tipos de autores que van a empezar a surgir con el uso de algoritmos o software de creación literaria.

Las preguntas entonces que surgen a raíz de los casos expuestos líneas arriba son las siguientes: ¿los textos creados con ayuda de la IA pueden ser considerados literatura? ¿Hasta qué punto es válido hablar de coautoría cuando interviene un algoritmo? En las siguientes páginas intentaré responder estas cuestiones sometiendo a análisis los argumentos que hoy dividen a escritores y críticos. Por un lado, están quienes ven a la IA como un aliado creativo, una herramienta que amplía los límites de la imaginación; por otro, quienes la rechazan porque carece de un autor real[3], es decir, un ser humano que escribe una obra por motivaciones artísticas y que en su quehacer literario transfiere sus ideas o experiencias.

Para sistematizar este debate, presentaré los casos de escritura creativa generada con algoritmos, luego analizaré los principales argumentos a favor y en contra de la escritura con IA; por último, pondré en diálogo los casos expuestos con tres trabajos académicos de los siguientes teóricos literarios: Roland Barthes y su idea de la “muerte del autor”, las cinco hipótesis que Susana Reisz propone para definir lo literario y las consideraciones de Jonathan Culler sobre la naturaleza de la literatura. Mi objetivo no es resolver de manera definitiva el dilema, sino aportar una mirada razonada sobre el papel que la inteligencia artificial ya tiene en la literatura.

Lee todo el ensayo descargando el siguiente documento:

Ensayo de Alberto Buendía Matamoros


[1] Otros paradigmas a los que se enfrentó la literatura fueron la imprenta de Gutemberg en el siglo XV y la creación del género novelesco en el siglo XVII (Moretti, 2015)

[2] Este término será analizado en otro ensayo. Aunque por el momento podemos decir que el autor expandido es el escritor que trabaja en colaboración con la inteligencia artificial para generar un texto artístico cuya creación sigue estando bajo las riendas cognitivas del ser humano.

[3] El autor real fue citado por Booth en su libro La retórica de la ficción (1974). En aquel trabajo crea el término autor implícito, en contraposición con el autor real, una persona con nombre y apellidos, es decir, un humano.

Deja un comentario