Y quisiera decirte mi nombre,
Y quisiera decirlo al oído,
Y quisiera que no lo olvidaras,
Como haces ahora conmigo…

Y se me empaña la vista tan frágil,
Recordando lo que vivimos,
Subiendo la cuesta empinada,
Y cayendo directo hacia el río…

Y al agua que mis pulmones no hinchen,
Mezcladas con llanto de niño,
Yo quisiera rogarles, imploro,
Que no me arrastren devuelta contigo.

Y quisiera que ello se cumpla:
no deseo que me halles tendido…
Si bien sabes que igual es tu culpa:
¿por qué no rehúyes la cara, maldito?

Por Gabriel Espinoza

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