No te enamores de mí, te lo ruego,
porque no sé amar ni aprenderé a hacerlo;
el amor, para mí, es un cuarto oscuro y estrecho.

No te enamores de mí, te lo suplico:
¿para qué atarte a un ser que no puede amar?
Soy vasija que guarda silencios y vacíos,
una copa agrietada que se quiebra al brindar.

No te enamores de mí, te lo advierto;
no lo tomes por crueldad: es cuidado.
No deseo que cargues con mis ausencias,
ni que tus manos aprendan a vendar heridas ajenas.

Soy rosa que no florece,
ola que nunca llega a la orilla,
cicatriz que el tiempo no borra.
¿Por qué, entonces, amar algo que nació solo para deshacerse?

Pero si, aun así, eliges amarme,
ven como quien entra en un cuarto prestado: con calma,
sabiendo que solo es temporal;
no preguntes por mis sueños ni por la vida que arrastro;
no trates de descifrar mis pensamientos
ni intentes desnudar lo que mi alma resguarda.

Déjame ser momento, no historia.
Déjame ser tiempo, no clima.
Déjame ser misterio, no condena.

Así que no te enamores de mí,
porque no amé, no amo, ni te amaré.

Por Angie Estrada

Deja un comentario