Esa noche pasó,
con ella la Luna.
Y cayó el verso
y la letra
y los sueños.
Llegó la pena.
Se pudrió el ideal.
Cesó la música.
Y la lluvia pasó en mis ojos,
no sé si también en los tuyos.
¿En mi mente
bastión tuyo habrá?
No lo sé, pero te quiero pensar.
Te quiero
y te quiero acá.
Lo nuestro ardió.
Lo consumado olvido será.
Pero primero he de sufrir;
sufriré por mí,
lo haré por ti
y por lo que me recuerde que fue
mas ya no será.
Día habrá
en el que en espejo no te vea.
Ahí tal vez se acaben mis penas.
Ahora
pasado eres que el presente no deja.
Tu terquedad me lastima
y aun así te necesito.
En mi tiempo de llanto y tragedia.
O al menos
siento que te necesito.
Mi mente es rumia desagradable,
tanto de tragar
como de masticar.
En esta nueva noche
no te dejaré de pensar.
Por Ángel Romero

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